Todavía no tenía el callo hecho, y pronto le comenzaron a doler, pero eso ahora no importaba. Era cuestión de desahogarse, de soltar todo cuanto había dentro.
Hacía sonar los acordes uno tras otro con la soltura de un profesional. Se trababa en cambio con la mano del ritmo, pero nada alarmante. Seguía sin importarle si fallaba o no, si se adelantaba al ritmo que llevaba o si se atrasaba. Tocaba lo que sentía y como lo sentía.
Pasaron largos minutos que le parecieron 3 segundos.. Sus dedos se quejaban y su muñeca se negaba a seguir.
Se le olvidó que había quedado
Se le olvidó porqué empezó a tocar
Se le olvidó todo
No hay comentarios:
Publicar un comentario